Roma de Gasperini 2025/26: Scudetto, Top 4 y cuotas

Updated agosto 2026
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Gian Piero Gasperini dirigiendo a la Roma en un partido del Stadio Olimpico en la Serie A 2025/26

Cuando se confirmó que Gasperini firmaba por la Roma, recibí varios mensajes de colegas preguntando qué esperaba. Mi respuesta fue idéntica a todos: «ojo, que este es el mejor año en una década para pronosticar a la Roma peleando títulos de verdad». No porque Gasperini sea un taumaturgo, sino porque traslada a cualquier vestuario una identidad táctica muy marcada que, aplicada a una plantilla con ese potencial ofensivo, produce saltos rápidos de rendimiento. Lo vimos en Atalanta durante siete temporadas y lo vemos ahora, aunque con matices, en la capital.

Este artículo analiza, con la lupa de un analista de calcio y ocho años leyendo los movimientos del banquillo italiano, si la Roma 2025/26 es candidata real al Scudetto, si es más bien candidata al Top 4 o si se queda en algún punto intermedio de esa franja. El mercado tiene una respuesta. La tabla tiene otra. Y entre las dos se dibuja el cuadro más interesante del curso en la capital.

La llegada de Gasperini al banquillo romanista

Gasperini llegó a la Roma con el capital simbólico que dan dos cosas: la identidad atalantina, que todos los aficionados italianos conocen y respetan, y una filosofía de juego reconocible en veinte segundos. Los centrales salen marcando al hombre, los laterales son carrileros puros, el mediocampo funciona con dos pivotes que no descansan nunca y los tres de arriba se mueven en permutas constantes que rompen las líneas defensivas rivales. Esa es la firma Gasperini.

Aplicar ese esquema a una plantilla que no estaba pensada para él requiere adaptaciones. El primer Gasperini de la Roma tuvo que convencer a jugadores con hábitos muy distintos para abrazar una intensidad que, en la Serie A, solo sus equipos anteriores mantenían. Las primeras semanas del curso fueron lo que eran: transición, dudas, algún partido donde se veía la idea pero no la ejecución, y otros donde se veía la ejecución pero no la idea completa. Normal en un proyecto nuevo.

Lo interesante es que esa fase de transición fue más corta de lo que yo esperaba. En una entrevista en septiembre, Gasperini insistió en que el objetivo declarado era el Top 4 y que el Scudetto no estaba en el discurso. Me pareció una postura sensata, porque protege al vestuario de expectativas que en la Roma suelen ser letales. La afición romanista tiene memoria emocional larga y poca paciencia con las promesas incumplidas; Gasperini lo sabía y dosificó la ambición pública desde el primer día.

El rendimiento de la primera vuelta

Vamos a lo concreto. La primera vuelta de la Roma fue mejor de lo que casi nadie pronosticó en pretemporada. A finales de noviembre de 2025, la Roma compartía el liderato con el Inter con 24 puntos, por delante del Milan y el Napoli que tenían 22. Leer esa tabla entonces era ver a la Roma como colíder del campeonato, cosa que no pasaba en la capital desde hacía años.

Ese rendimiento no fue casualidad. Gasperini había conseguido instalar su sistema de presión alta en dos meses, había encontrado pareja estable en el mediocentro y había sacado versión competitiva de dos o tres jugadores que venían de temporadas medianas. Yo apunté en mi cuaderno, a mediados de octubre, un comentario que mantengo: «esta Roma corre más por partido que cualquier Roma de los últimos cinco años, y eso, en la Serie A actual, vale puntos directos».

El problema vino después, que es donde casi todos los proyectos Gasperini tienen su primera prueba serio. La temporada larga desgasta. Una plantilla que no está acostumbrada al ritmo atalantino acumula minutos en las piernas, y las lesiones empiezan a llegar en racimos. Entre diciembre y febrero, la Roma dejó de ser colíder. No se hundió, pero tampoco mantuvo el ritmo del Inter, que fue alejándose semana tras semana.

Giuseppe Marotta, presidente del Inter, soltó tras la asamblea de la Lega una frase que me pareció interesante: «el Inter debe ser valiente: está en el ADN de un club que quiere ganar». Es una declaración de intenciones hacia adentro que, traducida al idioma del análisis, significaba «nosotros no vamos a dejar que nadie nos alcance en el tramo final». El Inter cumplió con su propio discurso; la Roma no pudo seguirle el ritmo. No es demérito, es medida exacta de dónde están los dos proyectos.

El objetivo europeo: Top 4 al alcance

Llegamos al presente, que es donde el análisis se vuelve más útil. En la recta final del curso, la Roma pelea por una plaza de Champions League. Esa pelea está viva y compite mano a mano con Milan y Napoli. No es una disputa cerrada, pero está a tiro. Gasperini ha reenfocado el discurso público hacia ese objetivo, que siempre fue el declarado, y el vestuario parece haber asumido sin grandes dramas el cambio de expectativas.

Para un club como la Roma, clasificar para Champions League no es solo un objetivo deportivo, es un objetivo económico que sostiene la siguiente temporada. Los ingresos por participación, por fase de grupos y por eventuales cruces directos son una diferencia abismal respecto a jugar la siguiente edición europea de segundo nivel. En términos de presupuesto, un Top 4 este año se traduce en un mercado de verano con quince o veinte millones más de margen, y eso en el calcio italiano actual es la diferencia entre fichar bien y fichar regular.

Mi lectura honesta del proyecto Gasperini en la Roma, tras la primera temporada, es positiva aunque matizada. Ha conseguido lo que prometió: cambiar la identidad del equipo, elevar el rendimiento medio y devolver la Roma al grupo de clubes que pelean de tú a tú con los grandes durante la mayor parte de un curso largo. No ha ganado el Scudetto, pero tampoco estaba previsto en año uno. El test serio será el curso siguiente, cuando el cuerpo técnico pueda fichar con su idea ya clara y la plantilla asuma el ritmo físico desde julio.

Para leer cómo encaja la Roma dentro del mapa general de los favoritos al título de este año y entender por qué el Inter sigue siendo la referencia absoluta, recomiendo pasar por el análisis sobre por qué el Inter es el favorito al Scudetto 2025/26, donde se ve el contraste directo entre los dos proyectos.

Una Roma que termina el curso mejor de lo que empezó

Cierro con una reflexión que aplica a casi todos los proyectos Gasperini. El primer año siempre termina por debajo de su pico intermedio. La Roma que lideraba en noviembre no era la «verdadera» Roma del año completo, y la Roma que pelea Top 4 en abril tampoco lo es del todo. La «verdadera» Roma de esta temporada se sitúa en algún punto entre las dos fotos, con una media de rendimiento más alta que cualquier curso reciente y un techo claramente superior al año pasado.

Eso, desde un punto de vista honesto, es un éxito. No el éxito espectacular de levantar un trofeo, pero sí el éxito estructural de poner los cimientos para pelear cosas grandes en las temporadas siguientes. Y en la capital, donde casi todos los proyectos recientes han acabado con despidos y refundaciones, ese tipo de éxito estructural es un lujo.

¿Desde cuándo dirige Gian Piero Gasperini a la Roma?

Gasperini asumió el banquillo de la Roma al inicio de la temporada 2025/26, en verano de 2025, después de su largo ciclo en la Atalanta. Es su primera experiencia al frente del club romanista y su segundo gran proyecto en la Serie A.

¿Qué puesto ocupaba la Roma en la Serie A en noviembre de 2025?

A finales de noviembre de 2025, la Roma compartía el liderato del campeonato con el Inter, ambos con 24 puntos, por delante del Milan y del Napoli, que tenían 22 unidades. Fue uno de los mejores momentos de la primera vuelta romanista.