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La primera vez que vi jugar al Pisa en directo fue en un Pisa-Empoli de Serie B, hace cuatro temporadas, con la grada norte del Arena Garibaldi cantando como si aquello fuese una final de Champions. Recuerdo haber pensado que un club con esa masa social no podía estar condenado eternamente a la segunda división. Tardó un poco más de lo que yo calculaba, pero al final llegó: el Pisa es uno de los tres equipos ascendidos a la Serie A 2025/26, y lo hizo en la 124.ª edición del máximo torneo profesional italiano y la 94.ª en formato todos contra todos.
Ocho años viendo el nicho del calcio me han enseñado una cosa: los ascensos emocionales se leen bien desde la tribuna, pero se sufren de lunes a domingo en la cola de la clasificación. Este artículo es un repaso honesto a lo que representa el regreso del nerazzurro toscano a la élite después de 34 años fuera, con la mirada puesta en su plantilla, su rendimiento real en las primeras jornadas y el peso que tiene dentro del Scudetto 2025/26.
Contexto histórico del Pisa en la Serie A
Pregunta rápida: ¿sabes cuándo fue la última vez que el Pisa compitió en la máxima categoría italiana antes de esta temporada? Si respondes «finales de los ochenta, principios de los noventa», has hecho los deberes. El último curso del club toscano en Serie A fue la temporada 1990/91, con un descenso que marcó el inicio de tres décadas largas de peregrinaje por la Serie B y, en algunos tramos oscuros, por la Serie C.
El Pisa de los ochenta había sido un club de culto. Tenía presupuestos modestos para lo que se gastaba en la Italia de entonces, pero fichaba con inteligencia y se permitía traer nombres exóticos de Sudamérica y del este europeo que llenaban portadas. Luego vino lo de siempre en el fútbol italiano de provincia: problemas de liquidez, refundaciones forzadas, títulos societarios a precios simbólicos, años en los que el socio mayoritario cambiaba con más frecuencia que el entrenador. El club sobrevivió a dos reestructuraciones y a una quiebra que estuvo a punto de hacerle desaparecer a principios de los 2000.
La reconstrucción deportiva arrancó despacio en la década pasada. Play-off perdidos, finales amargas, dos temporadas consecutivas acariciando el ascenso directo sin terminar de cerrarlo. Yo mismo lo di por candidato perenne al «casi» dos años seguidos. Me equivoqué: el curso pasado, el Pisa consiguió el ascenso por la vía matemática antes de la última jornada, sin depender de la ruleta del play-off. Esa es la diferencia entre subir sufriendo y subir con método.
Plantilla actual y perfil de jugadores
La plantilla con la que el Pisa afronta su primera Serie A en 34 años tiene un perfil muy reconocible: columna vertebral del ascenso, dos o tres refuerzos de Serie A hechos con cabeza y alguna apuesta del mercado internacional de bajo coste. No hay fichajes de superestrellas, y cualquiera que esperase a un De Bruyne para el Arena Garibaldi estaba mirando la Serie A equivocada.
La portería mantiene al titular del año del ascenso, una pieza que firmó más del 70% de los partidos de liga y que en la segunda vuelta encadenó varias porterías imbatidas seguidas. La defensa es donde más se ha invertido, porque los números de la Serie A son otro planeta: la temporada 2024/25 produjo 973 goles en 380 partidos, un promedio de 2,56 goles por encuentro. A ese ritmo, una defensa que en Serie B concedía poco puede encajar el doble en la élite si no ajusta.
El mediocampo conserva a los dos pivotes que fueron la espina dorsal del ascenso y ha añadido un centrocampista con experiencia internacional sub-21. Arriba, el proyecto apuesta por un nueve con recorrido en la Serie B italiana y un segundo atacante más móvil, pensado para campos grandes donde el bloque bajo propio va a ser la tónica general. No es una plantilla diseñada para ganar la liga: es una plantilla diseñada para no perderla pronto.
Hablemos claro: la diferencia entre una plantilla de permanencia y una plantilla de descenso anunciado se mide en cinco o seis fichajes concretos que aportan esa cualidad específica que en la categoría de abajo no existía. El Pisa ha apostado por perfiles de «experiencia» más que por perfiles de «proyección», y esto en un club ascendido es casi siempre una decisión sensata.
Un matiz interesante sobre el perfil actual del Pisa es que la plantilla combina jugadores con experiencia previa en Serie A, cedidos o recuperados de otros clubes italianos, con una base de futbolistas formados en el propio proyecto durante los años en categorías inferiores. Esa mezcla suele ser la fórmula más eficaz para los recién ascendidos, porque aporta conocimiento del ritmo competitivo de la élite sin renunciar a la identidad interna que llevó al club al ascenso. Es el mismo patrón que han seguido otros equipos pequeños que lograron permanencias sorprendentes en la última década.
Rendimiento en las primeras jornadas
Llegamos a la parte que de verdad importa: ¿qué está haciendo el Pisa dentro del campeonato? La temporada comenzó el 23 de agosto de 2025 y se cerrará el 24 de mayo de 2026, con veinte equipos y treinta y ocho jornadas. Eso son muchos partidos para un recién ascendido sin fondo europeo, sin rotación profunda y con un calendario que no perdona.
El arranque del Pisa fue lo que cualquier analista honesto esperaba: un empate valioso en casa en la primera jornada, dos derrotas consecutivas contra rivales superiores, y después el primer triunfo contra otro equipo del tramo bajo de la tabla. Ese primer triunfo, en mi experiencia, es el que marca la diferencia entre un ascendido que va a pelear la permanencia hasta el final y uno que se desfonda psicológicamente. El Pisa lo consiguió pronto.
El bloque de partidos de otoño fue exigente. El calendario le emparejó con dos de los tres favoritos al Scudetto en un intervalo de cuatro jornadas, y el resultado fue el previsible: derrotas cerradas, pero sin goleadas humillantes. Eso también importa. Un 0-2 contra el Inter no deja las mismas heridas que un 0-5, y en la Serie A los diferenciales de goles pesan al final.
En el tramo que llevamos de temporada, el Pisa se mueve en la zona de los nueve equipos que pelean por no caer a los tres puestos de descenso. No está cómodo, pero tampoco hundido. Si me preguntas si va a salvarse, te diría que tiene más opciones que el Cremonese y más dudas que el Sassuolo. Los próximos dos meses, con dos derbis toscanos en el calendario y varios cruces directos contra rivales de zona baja, van a decidir la temporada del club.
Quien quiera seguir este hilo dentro del contexto histórico más amplio del campeonato italiano encontrará más perspectiva en el recorrido por la historia de los ganadores de la Serie A, donde el papel de los ascendidos se lee como parte de un ciclo largo de renovación del calcio.
¿Cuándo fue la última vez que el Pisa jugó en Serie A antes de 2025/26?
La última temporada del Pisa en la Serie A antes del regreso fue 1990/91. Entre esa campaña y el actual 2025/26 han pasado 34 años, durante los cuales el club alternó Serie B y Serie C, con dos reestructuraciones societarias por problemas económicos.
¿Dónde juega el Pisa sus partidos como local?
El Pisa juega en el Arena Garibaldi, también conocido como Stadio Romeo Anconetani, un estadio histórico situado a escasos minutos del centro de la ciudad. Es uno de los campos más característicos del calcio italiano, con una grada norte de fuerte tradición ultrà.