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Voy a empezar este artículo con la frase más incómoda que se puede decir sobre el calcio italiano en 2026: si miras los balances de los clubes profesionales con honestidad, el fútbol italiano es un negocio estructuralmente deficitario desde hace casi dos décadas. No lo digo por provocar. Lo digo porque los datos que publica cada año la propia FIGC en el ReportCalcio son tan contundentes que negarlos requiere un esfuerzo de autoengaño que, a estas alturas, ningún analista serio puede permitirse. Y eso convive con una liga que llena estadios, que exporta audiencia global y que mueve cifras millonarias en apuestas. Es una paradoja que merece análisis sin filtros.
En este artículo pongo sobre la mesa la cifra actual de deuda acumulada del fútbol profesional italiano, el porcentaje de balances que se cierran en pérdidas y las reformas estructurales que la propia FIGC y algunos clubes están intentando impulsar para revertir la tendencia. Es una lectura dura pero necesaria para entender cómo funciona el calcio moderno debajo del relato deportivo que consumimos cada fin de semana.
La cifra de deuda acumulada
La deuda agregada del fútbol profesional italiano alcanzó los 5.450 millones de euros en 2023/24, frente a los 5.660 millones de euros de la temporada anterior. Esa es la foto oficial, publicada en la 15.ª edición del ReportCalcio de la FIGC. Más de cinco mil millones de euros de deuda acumulada entre los clubes profesionales italianos, sumando Serie A, Serie B y categorías inferiores profesionales.
Es una cifra enorme. Para ponerla en contexto, 5.450 millones de euros equivalen aproximadamente al presupuesto anual de varios ministerios italianos medianos y superan los ingresos anuales totales del fútbol italiano profesional tomados en conjunto. Es decir: el sector acumula más deuda de lo que factura en un año completo, lo cual, desde cualquier perspectiva empresarial, es una posición financiera que exige atención urgente.
La buena noticia, si se le puede llamar así, es que la cifra de 2023/24 representa una pequeña reducción respecto a los 5.660 millones de la temporada anterior. Es decir, la deuda ha bajado unos 210 millones en términos interanuales, lo que indica que por primera vez en varios años ha habido una mejora neta del balance agregado del sector. Esa mejora, aunque modesta en términos absolutos, es significativa como señal de tendencia, porque rompe la inercia de crecimiento sostenido que la deuda había mostrado durante la última década.
Es importante aclarar qué incluye exactamente esta cifra. La deuda agregada contempla todos los compromisos financieros de los clubes profesionales: créditos bancarios, deudas con otros clubes por traspasos pendientes de pago, obligaciones fiscales y sociales y, en algunos casos, préstamos a los accionistas. Esa composición varía mucho de un club a otro: algunos tienen el grueso de su deuda en obligaciones fiscales, otros en deudas por fichajes, otros en créditos bancarios a largo plazo. Pero el total sumado es el que produce la cifra agregada que el ReportCalcio publica cada año.
Las pérdidas históricas del sector
El dato de la deuda acumulada, con ser llamativo, palidece frente a una estadística todavía más estructural y más preocupante. En los últimos diecisiete años, el 80% de los balances de los clubes italianos profesionales se cerraron con pérdidas. Mil doscientos ochenta y nueve balances de pérdidas sobre un total de mil seiscientos nueve ejercicios analizados, según las cifras publicadas por la propia FIGC en el último ReportCalcio.
Permíteme leer ese número en voz alta: cuatro de cada cinco años, un club italiano profesional cierra su ejercicio contable con un resultado negativo. No es una coyuntura. No es un bache puntual. Es un patrón estructural que se ha repetido durante casi dos décadas con una consistencia que debería alarmar a cualquiera que mire el negocio con criterio empresarial normal.
¿Cómo es posible que un sector opere así durante tanto tiempo sin colapsar por completo? La respuesta tiene varias capas. Primero, los clubes italianos suelen estar en manos de propietarios privados con capacidad económica suficiente para absorber pérdidas durante varios años a cambio de prestigio, visibilidad y retorno emocional. Segundo, el sistema financiero ha acompañado al fútbol con líneas de crédito específicas que permiten refinanciar deudas con cierta regularidad. Tercero, los clubes tienen activos valiosos (fichajes, derechos televisivos, estadios) que sirven como garantía implícita para los acreedores.
Esa combinación permite al fútbol italiano sobrevivir financieramente pese a operar con pérdidas sostenidas, pero no constituye un modelo sostenible a largo plazo. Basta con que uno o dos de los factores que sostienen el equilibrio cedan al mismo tiempo, y el sector puede entrar en una crisis aguda. Esa fragilidad estructural es la razón por la que las autoridades del calcio han empezado a hablar seriamente de reformas en los últimos años, aunque las medidas concretas avanzan despacio.
El dato que hay que contraponer al de las pérdidas, para no ser injusto con el sector, es el crecimiento de la facturación. Entre 2021/22 y 2023/24, la facturación del fútbol profesional italiano creció un 32,3%, mientras que el coste laboral subió solo un 7,2%. Esa diferencia indica que el sector está mejorando en términos de eficiencia operativa y está empezando a corregir los desequilibrios que durante años caracterizaron a los balances italianos. Pero la brecha acumulada es tan grande que ni siquiera esa mejora es suficiente para revertir la situación en un plazo corto.
Las reformas de sostenibilidad en marcha
Aquí entra la parte menos deportiva y más institucional del análisis, pero es donde se está decidiendo el futuro del calcio italiano a medio plazo. La FIGC, consciente de que el modelo actual no puede sostenerse indefinidamente, ha puesto en marcha un proceso de reformas sobre sostenibilidad económico-financiera que busca imponer criterios más estrictos a los clubes profesionales y reducir progresivamente el peso de la deuda sobre el conjunto del sector.
Esas reformas incluyen varios elementos. Primero, mayor exigencia en los criterios de licencia para participar en la Serie A, con requisitos de solvencia que deben cumplirse antes del inicio de cada curso. Segundo, limitaciones al coste laboral en proporción a la facturación, en línea con los criterios europeos de sostenibilidad que la UEFA ya aplica a los clubes que compiten en Champions League y Europa League. Tercero, mecanismos de supervisión más estrictos para los clubes que entran en dificultades financieras, con intervenciones preventivas antes de que los balances se deterioren hasta la inviabilidad.
Esas reformas son políticamente complejas, porque obligan a los clubes a aceptar restricciones que en el pasado no tenían. Y suelen generar fricciones con las directivas, que suelen priorizar la competitividad deportiva inmediata sobre la salud financiera a largo plazo. Pero son necesarias, y cada vez más aceptadas, porque la alternativa (seguir operando con pérdidas indefinidas) ya no es políticamente defendible en un contexto europeo donde el control financiero se ha convertido en norma compartida.
Hay otro ángulo de reforma que me parece particularmente interesante, y es el del desarrollo de infraestructuras. Los estadios italianos, en general, son más viejos y menos rentables comercialmente que los de otras grandes ligas europeas. Invertir en modernizarlos permite aumentar los ingresos por ticketing, por hospitality premium y por explotación comercial en días sin partido. Esa inversión, que algunos clubes están empezando a acometer con créditos específicos para infraestructura, es una de las pocas vías estructurales para mejorar los ingresos del sector sin depender exclusivamente de los derechos televisivos.
El crecimiento reciente en ingresos comerciales y por ticketing refuerza este argumento. Los ingresos por comercial y patrocinios del fútbol italiano superaron por primera vez los mil millones de euros en 2023/24, con un crecimiento interanual del 11,1%, y los ingresos por ticketing alcanzaron un récord histórico de 478 millones de euros ese mismo curso. Ambas cifras son positivas y apuntan en la dirección correcta, pero deben sostenerse durante muchos años para impactar significativamente en la deuda acumulada.
Para ampliar el contexto económico general y ver cómo encajan estas cifras de deuda y pérdidas con los derechos televisivos y los contratos principales del calcio, recomiendo la lectura complementaria del análisis sobre la economía del Scudetto y los derechos televisivos de la Serie A, que aporta la otra parte del cuadro financiero del campeonato.
Un sector vivo pero con deberes pendientes
Cierro con la misma honestidad con la que empecé. El calcio italiano no está a punto de colapsar, no va a desaparecer y no es un negocio tan disfuncional como las cifras de deuda podrían sugerir a primera vista. La Serie A sigue siendo uno de los cinco grandes campeonatos europeos, los estadios se llenan, las audiencias crecen y los ingresos comerciales alcanzan récords históricos. Esa parte del relato también es cierta y merece ser reconocida.
Pero la cifra de 5.450 millones de euros de deuda agregada y el 80% de balances en pérdidas son señales estructurales que el sector no puede ignorar indefinidamente. Las reformas que la FIGC está impulsando, junto con la mejora en ingresos comerciales y la reducción gradual de la deuda respecto al año anterior, son pasos en la dirección correcta pero exigen continuidad durante años para producir resultados sostenibles.
Mi lectura personal, tras ocho años siguiendo estas cifras con paciencia, es que el calcio italiano está en un momento de inflexión: puede seguir el camino de las reformas estructurales y salir del ciclo de pérdidas en una década, o puede estancarse en el modelo actual y aceptar una posición competitiva cada vez más marginal frente a las grandes ligas europeas. Esa decisión se juega en los despachos de la FIGC, de la Lega Serie A y de los propios clubes. Los próximos tres o cuatro años van a determinar cuál de los dos caminos termina predominando.
¿Cuánta deuda acumula el fútbol profesional italiano?
La deuda agregada del fútbol profesional italiano alcanzó los 5.450 millones de euros en 2023/24, según la 15.ª edición del ReportCalcio de la FIGC. La cifra representa una ligera reducción frente a los 5.660 millones de la temporada anterior, una de las primeras mejoras netas del balance agregado en varios años consecutivos.
¿Qué porcentaje de balances de clubes italianos cerró en pérdidas en los últimos años?
En los últimos diecisiete años, el 80% de los balances de clubes italianos profesionales se cerraron con pérdidas, según las cifras publicadas por la FIGC en el ReportCalcio. En concreto, 1.289 de los 1.609 ejercicios contables analizados presentaron resultados negativos, un patrón estructural consistente a lo largo de casi dos décadas.