Descenso Serie A 2025/26: equipos en zona roja

Updated agosto 2026
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Futbolista con camiseta de un club italiano protegiendo el balón ante un rival durante un partido de fútbol de la Serie A 2025/26

Hay un tipo de tensión que solo se vive en los estadios de clubes que pelean el descenso. Yo la llamo, en mis notas, «silencio de cola de tabla»: ese momento en el que el portero rival prepara un saque de puerta y treinta mil personas dejan de respirar porque saben que el próximo gol en contra puede costar el año entero. No tiene nada que ver con la tensión del Scudetto, porque allí se pelea una gloria, y no tiene nada que ver con la del Top 4, porque allí se pelea dinero europeo. En la cola, se pelea supervivencia. Y eso cambia el aire del estadio de una forma que el aficionado casual no termina de entender hasta que lo vive en directo.

En este artículo analizo cómo funciona el descenso en la Serie A 2025/26, qué equipos se están jugando la permanencia en esta recta final y qué implicaciones económicas tiene perder la categoría para un club italiano. Es un texto menos glamuroso que los que analizan el título, pero probablemente más útil para entender el verdadero funcionamiento del campeonato, donde los puntos en disputa en marzo y abril por abajo pesan tanto como los de arriba en el balance final del curso.

Cómo funciona el descenso en la Serie A

Lo primero, para los lectores que se acercan al calcio sin conocer los detalles del formato. La Serie A 2025/26 es la 124.ª edición del máximo torneo profesional italiano, la 94.ª en formato todos contra todos. Son veinte equipos y treinta y ocho jornadas. Al final del curso, los tres últimos clasificados descienden directamente a la Serie B, y los tres primeros equipos de la Serie B (o los que ganen el play-off correspondiente según el formato de la segunda división) ascienden a ocupar esas plazas. No hay promoción ni repesca desde la Serie A: los tres últimos bajan sin apelación.

Ese formato de tres descensos directos es uno de los más duros de Europa entre las cinco grandes ligas. Algunas competiciones tienen play-offs de descenso, otras tienen dos plazas en lugar de tres, y en ninguna de las cuatro restantes el castigo es tan claro y definitivo como en Italia. Tres abajo, sin excepciones, cada temporada. Eso significa que la lucha por la permanencia implica a un número mayor de clubes que en otras ligas, porque seis o siete equipos suelen estar involucrados en la franja de peligro durante la mayor parte del curso.

La distancia entre el puesto de «fin del peligro» y el último puesto de descenso directo suele ser de cinco o seis puntos durante el tramo medio del campeonato, una franja lo bastante pequeña como para que un par de resultados malos en abril puedan hundir a un club que en enero parecía razonablemente seguro. Yo he visto varias veces esa situación en los últimos ocho años, y cada vez que pasa me recuerda que la cola de tabla es impredecible hasta la penúltima jornada.

No existe promoción desde Europa ni mecanismo externo que permita a un club descendido mantenerse por razones deportivas distintas. El único criterio es el deportivo puro: los puntos sumados en los treinta y ocho partidos del curso. Si al final el club está entre los tres últimos, desciende. Esa simplicidad brutal es, para mí, una de las cosas que más define el espíritu del calcio italiano.

Los candidatos reales al descenso este curso

Paso al presente. En esta Serie A 2025/26, la franja de descenso ha estado disputada durante buena parte del curso por un grupo de seis o siete clubes que se han ido alternando en las plazas bajas en función de los resultados semanales. Los tres recién ascendidos, Pisa, Sassuolo y Cremonese, forman naturalmente parte del bloque de candidatos, pero no son los únicos. Algunos clubes con historial de Serie A también han entrado en la zona de peligro durante tramos largos del curso por razones distintas: cambios de entrenador mal gestionados, rachas malas prolongadas, lesiones en momentos clave o simplemente irregularidad extrema del rendimiento.

Entre los tres ascendidos, mi lectura honesta es la siguiente. El Sassuolo, pese a ser un recién llegado, tiene probablemente las mejores opciones estructurales de salvarse gracias a su mezcla de experiencia de plantilla y regreso rápido desde la Serie B. El Pisa pelea la permanencia con intensidad pero con menos margen de maniobra. El Cremonese está en la situación más difícil: con una plantilla diseñada para la permanencia mínima, sin margen grande sobre sus rivales directos y con una distancia pequeña respecto al puesto que marca el descenso directo.

A esos tres se suman dos o tres clubes históricos que no esperaban estar peleando por la salvación en esta temporada. La identidad concreta de esos equipos varía según el momento del curso, porque la cola de la tabla se mueve con cada jornada, pero lo que sí es constante es que la lucha ha involucrado siempre a seis clubes como mínimo, con cambios frecuentes de orden entre la decimoctava y la duodécima posición.

Los próximos dos meses van a ser, para ese grupo, los más intensos del curso. Cada partido vale doble, cada empate tiene un significado distinto según el rival, y los enfrentamientos directos entre candidatos al descenso son los que más peso tienen en el balance final. En mi cuaderno de apuntes del curso, tengo marcados cinco partidos de la recta final entre equipos de esa franja, y cualquiera de esos cinco puede definir por sí solo la supervivencia de uno u otro club.

El impacto económico del descenso

Llegamos a la parte que muchos aficionados no miden del todo hasta que la sufren. ¿Qué supone descender de la Serie A en términos económicos para un club italiano? La respuesta corta es «mucho, muchísimo, y con efectos que duran al menos dos temporadas aunque vuelvas a subir». La respuesta larga necesita más contexto.

Un club italiano que desciende a la Serie B pierde automáticamente el acceso al reparto de derechos televisivos de la Serie A, que es con enorme diferencia la principal fuente de ingresos de cualquier club de primera. Esa pérdida, que afecta a la temporada posterior al descenso, supone un recorte de millones de euros que no se puede compensar fácilmente con los ingresos de la Serie B, muy inferiores tanto en derechos televisivos como en audiencia. A eso se suma la caída de ingresos por taquilla, por patrocinios y por merchandising asociado al prestigio de la primera división.

El peso global de ese recorte explica por qué los clubes italianos destinan recursos tan importantes a evitar el descenso en las últimas jornadas: fichajes de urgencia en invierno, cambios de entrenador en momentos críticos, concentraciones especiales del vestuario, inversión en preparación física y psicológica para el tramo final. Todo eso se hace porque el coste de no hacerlo es mucho mayor que el coste de intentarlo. La lógica financiera es implacable y se aplica en todos los clubes del tramo bajo sin excepción.

Hay que añadir otro factor, que es el efecto sobre la masa salarial de los jugadores. Muchos contratos profesionales contienen cláusulas de reducción salarial automática en caso de descenso, pensadas precisamente para proteger la sostenibilidad del club en caso de caer de categoría. Esas cláusulas son normales en el fútbol europeo, pero en la Serie A tienen especial relevancia porque la brecha económica entre Serie A y Serie B es particularmente amplia comparada con otras ligas.

El dato más elocuente para entender el contexto financiero global del calcio italiano lo da el balance colectivo del sector: en los últimos diecisiete años, el 80% de los balances de los clubes italianos profesionales se cerraron con pérdidas, según el ReportCalcio de la FIGC. Ese porcentaje muestra hasta qué punto el fútbol italiano opera en un equilibrio financiero delicado en el que perder la categoría puede ser el empujón final que convierta una empresa viable en una empresa en dificultades graves.

Para quien quiera profundizar en el contexto histórico y entender cómo la estructura competitiva del campeonato se ha transformado en las últimas décadas, recomiendo también la lectura del repaso sobre la historia de los ganadores de la Serie A, que complementa con la otra cara del palmarés la radiografía del calcio moderno.

Una pelea que se decide con paciencia y nervios templados

Cierro con una reflexión que aplica a todas las temporadas y que he aprendido a base de ver la cola de la tabla italiana durante años. La salvación en la Serie A casi nunca se consigue con una gran victoria épica en la última jornada. Se consigue a base de cinco o seis empates cerrados en mitad del curso, de un triunfo sorpresivo contra un rival grande en noviembre y de no perder contra los otros candidatos directos en la recta final. Esa receta es aburrida sobre el papel, pero es la que funciona año tras año.

Los clubes que gestionan bien los nervios, mantienen al entrenador estable durante el curso y no entran en pánico en los momentos malos son los que acaban salvándose. Los que cambian tres veces de banquillo, fichan de urgencia jugadores que no terminan de encajar y transmiten ansiedad al vestuario son los que bajan. Esa diferencia de gestión interna es la que marca la frontera entre los tres que descienden y los que respiran en la última jornada con un punto de margen. En esta temporada, esa frontera está más ajustada que nunca, y los próximos dos meses van a contarnos quién estaba preparado para el tramo más duro del curso.

¿Cuántos equipos descienden cada año en la Serie A?

Descienden tres equipos directos al final de cada temporada de Serie A. Son los tres últimos clasificados en la tabla tras las treinta y ocho jornadas. No hay repesca ni play-off para la Serie A: los tres últimos bajan sin apelación a la Serie B, que envía a su vez tres equipos al ascenso para el curso siguiente.

¿Hay play-off de promoción o descenso entre Serie A y Serie B?

En el formato actual, el descenso desde Serie A es directo para los tres últimos clasificados, sin play-off intermedio. El ascenso desde Serie B sí contempla play-offs para algunas plazas, pero eso afecta a la segunda división, no al descenso desde la máxima categoría. En la Serie A, la salvación se juega exclusivamente con los puntos sumados en la liga regular.