Historia de los ganadores de la Serie A: palmarés y eras del Scudetto

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Una liga que ha cambiado de cara tres veces en quince años

La primera vez que cubrí una jornada de Serie A desde Italia fue durante el noveno Scudetto consecutivo de la Juventus. Era una liga con una jerarquía tan firme que nadie en la sala de prensa debatía en serio si la Juve ganaría — se debatía por cuánta distancia. Ocho años después estoy escribiendo sobre una Serie A en la que el Inter lidera con nueve puntos en una temporada en la que, según el calendario de marzo, bastaban dos resultados para que volviera a estar todo abierto. El campeonato italiano actual no tiene ya la estabilidad autoritaria de entonces, y yo lo celebro como aficionado y como analista.

Este artículo es un recorrido por la historia reciente del Scudetto, con énfasis en el momento exacto en el que la hegemonía juventina se rompió y se abrió paso a lo que la prensa italiana ha empezado a llamar la «era dei cinque re» — la era de los cinco reyes. No es un resumen cronológico exhaustivo; es una lectura de por qué la Serie A de hoy se parece poco a la de hace una década y por qué esa diferencia importa para entender la temporada 2025/26 que estamos viviendo.

Desde que empecé a cubrir el calcio italiano, he visto cuatro equipos distintos levantar el Scudetto en cinco temporadas. Ningún otro campeonato del top-5 europeo puede decir lo mismo en el mismo periodo. Esa es la fotografía con la que quiero arrancar: la liga que muchos aficionados recuerdan como «predecible» es, en el ciclo competitivo actual, la más abierta del continente.

Formato y contexto histórico del campeonato

Empiezo por lo estructural, porque sin entender el formato es difícil interpretar la historia. La Serie A 2025/26 es la 124ª edición del máximo campeonato profesional italiano y la 94ª en formato de todos contra todos. La temporada comenzó el 23 de agosto de 2025 y concluye el 24 de mayo de 2026, con 20 equipos y 38 jornadas. Este esquema — liga cerrada con ascensos y descensos — es la columna vertebral del calcio moderno, y no siempre fue así.

Durante décadas, la Serie A tuvo formatos variables: 16 equipos, 18 equipos, con o sin playoff final, con grupos geográficos en épocas lejanas. El formato actual de 20 equipos se consolidó hace años y ha sobrevivido a varios intentos de reforma. Cada pocos años alguien propone reducir a 18 para aliviar la carga competitiva de los equipos que juegan en Europa, y cada pocos años la propuesta se rechaza en la asamblea de la Lega. Es una de esas discusiones recurrentes del fútbol italiano que nunca termina de avanzar.

La temporada regular de 38 jornadas significa que cada club juega 19 partidos en casa y 19 fuera, enfrentándose dos veces a cada rival — una en cada estadio. Este formato ofrece una ventaja importante para juzgar el rendimiento real de los equipos a lo largo del año: no hay atajos estadísticos, ningún equipo puede escudarse en un calendario favorable para justificar su posición. Al final de mayo, la clasificación refleja lo que cada plantilla ha sido capaz de hacer ante todos los rivales en dos escenarios distintos. Es una liga tosca, en el sentido de que premia la consistencia por encima del talento puntual.

En términos de plazas europeas, la Serie A reparte actualmente cuatro billetes directos a la UEFA Champions League para los cuatro primeros, una plaza a la UEFA Europa League y una a la UEFA Conference League. Los detalles pueden variar según los resultados de los clubes italianos en competiciones continentales del año anterior, porque la UEFA premia con plazas adicionales a las ligas con mejor coeficiente. En 2024/25 la Serie A tuvo cinco plazas Champions por este mecanismo de bonificación; en 2025/26 ha vuelto a cuatro.

El descenso directo afecta a los tres últimos clasificados, que bajan a Serie B y son sustituidos por los dos primeros de la categoría inferior y el ganador de un playoff entre los clubes clasificados del tercer al octavo puesto de Serie B. Este mecanismo de playoff para el tercer ascenso añade un filtro competitivo al final de la temporada de Serie B y suele producir finales emocionantes.

La era Juventus y los nueve Scudettos consecutivos

Es imposible hablar de la historia reciente de la Serie A sin detenerse en el periodo 2011/12 a 2019/20, cuando la Juventus ganó nueve Scudettos consecutivos — la racha más larga de títulos seguidos en la historia del campeonato. Esa hegemonía marcó a una generación de aficionados italianos que crecieron dando por hecho que el ganador de la liga ya estaba decidido en agosto.

Para entender por qué ocurrió, hay que mirar tres factores simultáneos. El primero fue la salida del Inter de su mejor momento tras el triplete de 2010, con un ciclo posterior de reconstrucción errática y cambios directivos que le alejaron del pico competitivo. El segundo fue el declive del Milan tras los últimos títulos de Berlusconi, con problemas financieros que limitaron la capacidad de inversión. El tercero fue la combinación en la Juve de un modelo directivo estable — con Andrea Agnelli al frente durante buena parte del periodo — y una plantilla construida para ganar en Italia antes que en Europa.

La Juventus de aquellos años jugó un calcio clásico, pragmático, defensivamente sólido y con delanteros capaces de decidir partidos ajustados. No siempre fue el equipo más brillante — perdió dos finales de Champions, en 2014/15 contra el Barcelona y en 2016/17 contra el Real Madrid — pero en liga acumuló una ventaja estructural sobre los rivales que solo se resquebrajó cuando el Inter empezó a reconstruirse bajo Marotta y el Napoli aceleró su proyecto con inversión en fichajes.

Lo que me resulta más interesante, vista la hegemonía con la distancia de los años, es que no se hundió por una debacle deportiva. El nueve consecutivo se rompió porque los rivales mejoraron, no porque la Juve cayera. El Scudetto 2020/21 se lo llevó un Inter con Antonio Conte en el banquillo, justo el entrenador que había comenzado precisamente la dinastía juventina nueve años antes. Es una simetría narrativa que la historia deportiva rara vez ofrece de forma tan limpia.

Cabe mencionar, aunque sea brevemente, que la Juventus también ha vivido episodios oscuros en su historia reciente — Calciopoli en 2006 con revocación de títulos — que siguen pesando en el debate sobre el palmarés real del club. Ese tema requiere su propio tratamiento y no voy a desarrollarlo aquí. Basta decir que la versión oficial del palmarés juventino sigue siendo objeto de discusión en una parte de la prensa italiana, mientras que otra parte lo acepta sin reservas.

La ruptura de la hegemonía y los cinco reyes

Desde la temporada 2020/21 hasta la actual 2025/26, la Serie A ha visto cuatro equipos distintos levantar el Scudetto en cinco finales disputados. El Inter ganó en 2020/21 y 2023/24, el Milan en 2021/22, el Napoli en 2022/23 y 2024/25, y ahora el Inter está a punto de conquistar su tercer título en seis años. Si contamos los Scudettos del ciclo como «reyes» distintos, la etiqueta «cinco reyes» tiene más literatura que aritmética, pero captura bien la idea central: nadie domina por más de dos temporadas seguidas.

Esta ruptura ha ocurrido por motivos que van mucho más allá del aspecto deportivo. Uno es la profesionalización de la gestión en clubes que antes operaban de forma más amateur — el Napoli de De Laurentiis llegó a niveles de disciplina contable que hace quince años habrían sido impensables. Otro es el acceso a capital internacional, con la llegada de fondos estadounidenses a Milan y Roma que inyectaron recursos frescos sin perder el control deportivo por completo. Un tercero es la mejora competitiva de los equipos intermedios: la Serie A de hoy tiene seis u ocho equipos capaces de ganarle a cualquiera en cualquier jornada, algo que no pasaba en los años de la hegemonía juventina.

La consecuencia, para el aficionado, es una liga mucho más entretenida. Los derbis tienen peso real porque los cuatro equipos grandes de las dos ciudades principales — Milán y Roma — pelean puestos altos al mismo tiempo. Los enfrentamientos directos entre candidatos se juegan con mayor tensión porque ningún resultado se puede dar por hecho. Y los clubes de segunda fila tienen incentivo para empujar hacia arriba, porque el techo competitivo ya no es inalcanzable.

Para la Serie A como producto comercial, la ruptura de la hegemonía ha sido decisiva. Las ligas sin incertidumbre competitiva son difíciles de vender a patrocinadores y audiencias globales — un dato muchas veces repetido por los analistas del sector del entretenimiento deportivo. La actual fase competitiva del calcio italiano coincide, no por casualidad, con el mejor periodo comercial que la Lega ha tenido en la última década. Los 710 millones de aficionados globales y los 2.800 millones de audiencia televisiva mundial son cifras que habrían sido imposibles de alcanzar con una liga cerrada desde agosto.

Gabriele Gravina, presidente de la FIGC, lo expresó en la presentación del ReportCalcio con una frase que me gusta rescatar porque sintetiza el momento del fútbol italiano: «El calcio representa siempre el primer referente deportivo nacional por número de federados, valor económico generado y difusión de proyectos sociales.» La idea importante es «siempre» — sugiriendo continuidad estructural incluso en ciclos competitivos cambiantes. El calcio cambia de ganador pero no cambia su lugar en la cultura italiana, y esa continuidad es parte de lo que sostiene el producto a largo plazo.

El Napoli entre 2023 y 2025

El Napoli merece un epígrafe propio, porque sus dos Scudettos en tres años — 2022/23 y 2024/25 — representan uno de los ciclos competitivos más notables del calcio italiano moderno, y además están directamente conectados con la temporada 2025/26. No se puede entender por qué los nerazzurri están dominando esta liga sin mirar antes quién era el equipo al que estaban cazando.

El primer título, el de 2022/23, fue una especie de revelación para toda la Serie A. El Napoli de Luciano Spalletti construyó una temporada de club pequeño con plantilla de club grande — pragmatismo, intensidad, sin estrellas mediáticas pero con un balance colectivo excepcional. Ganó el Scudetto con autoridad, rompió rachas de más de treinta años sin ganar el campeonato y provocó una de las celebraciones urbanas más memorables de la historia reciente del calcio.

El segundo, el de 2024/25, llegó en circunstancias completamente distintas y con un entrenador — Antonio Conte — que representa la contradicción total con Spalletti en términos de estilo. El Napoli de Conte ganó el Scudetto 2024/25 con 82 puntos, solo uno por delante del Inter, que cerró con 81. Esa liga produjo 973 goles en 380 partidos, un promedio de 2,56 tantos por encuentro — una temporada ofensivamente estándar, lo que refuerza la idea de que el Napoli no ganó goleando sino siendo el equipo más constante del año.

La coincidencia de dos títulos en tres años con proyectos técnicos tan distintos dice algo importante sobre el club: la estructura de dirección deportiva es lo suficientemente sólida como para sostener ganadores bajo filosofías opuestas. Es una rareza en el fútbol europeo, donde los clubes suelen ser más reconocibles por un estilo concreto que por una capacidad de adaptación táctica total. El Napoli ha construido un modelo donde el entrenador es variable y el resto del ecosistema es estable, y el resultado es un rendimiento ganador por encima de lo que la plantilla pura sugiere.

Lo que la temporada 2025/26 añade al cuadro es un matiz incómodo. Ganar dos Scudettos en tres años no garantiza ganar el tercero, porque los rivales se reorganizan con la misma rapidez. El Inter que está sentenciando esta liga es exactamente el mismo club que ha terminado segundo en la mayoría de los años del ciclo reciente, y que esta temporada ha acertado con el relevo técnico — Chivu en lugar del anterior — justo cuando el Napoli tropezaba con el desgaste de su propio ciclo. La jerarquía del calcio italiano se reordena no por colapsos dramáticos sino por pequeños errores acumulados de un lado y pequeñas mejoras acumuladas del otro.

Antes de entrar en el Inter, conviene recordar un dato contextual que explica por qué el Napoli de estos años se convirtió en un actor diferente al de las dos décadas anteriores. Durante gran parte del siglo veintiuno, el Napoli fue un club reconocido como candidato permanente a Europa pero no como candidato real al Scudetto salvo en momentos puntuales, y eso condicionó tanto la planificación deportiva como las expectativas del entorno. Lo que cambió la ecuación fueron dos factores simultáneos: una estructura deportiva más estable en el medio plazo y una reducción de la distancia económica con los grandes del norte, que durante años había sido el verdadero techo competitivo del club.

Esa reducción no se produjo por azar. Fue el resultado combinado de una gestión conservadora de los fichajes durante varias temporadas seguidas, una venta quirúrgica de activos deportivos en los momentos exactos del ciclo de mercado y una política salarial que evitó los desequilibrios que habían hundido a otros aspirantes italianos en los años previos. Cuando llegó el Scudetto de 2023 y, dos años después, el de 2025, el aficionado azzurro vio el fruto de un proyecto que llevaba gestándose desde mucho antes de que Antonio Conte firmase como entrenador. Esa paciencia estructural es, por cierto, una de las lecciones más útiles para leer cualquier temporada de la Serie A moderna: los títulos se construyen en los tres o cuatro años previos al año en que llegan.

El Inter entre títulos

Hablar del Inter en la historia reciente de la Serie A es hablar de un club en constante oscilación entre dominio parcial y reconstrucción. Desde el triplete de 2009/10 bajo José Mourinho, los nerazzurri vivieron años complicados de gestión deportiva y corporativa, con varios cambios de propiedad y periodos de austeridad forzada. La recuperación competitiva empezó en serio en la segunda mitad de la década pasada, con la contratación de Giuseppe Marotta como consejero delegado y la construcción progresiva de una plantilla capaz de competir por el título.

El Scudetto de 2020/21 bajo Antonio Conte fue el primero de esta nueva fase. Llegó después de dos temporadas finales como «eterno segundo», un lugar familiar para el Inter durante los años de hegemonía juventina. El título se ganó con autoridad — 91 puntos, diferencia clara sobre el Milan — y marcó simbólicamente el final del ciclo de la Juve. Justo después, Conte abandonó el club por desacuerdos con la propiedad sobre el presupuesto operativo, y el Inter volvió a entrar en un periodo de gestión financiera restrictiva mientras mantenía competitividad deportiva.

El segundo título del ciclo, el de 2023/24, se ganó con Simone Inzaghi en el banquillo y fue el Scudetto de la estrella número 20 — aludiendo al segundo tramo de dos dígitos en el palmarés oficial del club. Un título simbólicamente importante para la afición nerazzurra, ganado con ventaja holgada sobre el Milan y con un rendimiento ofensivo que anticipaba lo que vemos esta temporada a escala aún mayor. El Inter de Inzaghi marcaba muchos goles y ganaba partidos con margen, una fórmula que ha sido retomada y amplificada bajo Chivu en 2025/26.

Lo que me interesa subrayar de la trayectoria reciente del Inter es la capacidad de transformar cambios de entrenador en continuidad de rendimiento, algo que pocos clubes consiguen. De Conte a Inzaghi a Chivu, en cinco años, y siempre con nivel ganador. No es talento individual de los técnicos — aunque los tres son buenos profesionales — sino estructura institucional alrededor de ellos: cuerpo técnico estable, director deportivo con visión clara, plantilla construida para perfiles flexibles. Cuando un club alcanza ese nivel de solidez estructural, los cambios de banquillo dejan de ser traumáticos y pasan a ser meras rotaciones tácticas del proyecto.

Para el cuadro completo del Inter 2025/26 y las razones específicas por las que lidera esta liga, recomiendo la lectura del análisis dedicado al Inter como favorito absoluto al Scudetto, donde entro en los detalles tácticos, de gestión y de cuotas que explican la ventaja de nueve puntos sobre el Napoli.

Por qué esta edición importa en la historia

Cada temporada de Serie A tiene su lugar en el libro de historia del calcio italiano, pero no todas tienen el mismo peso. La de 2025/26 va a quedar marcada por varios motivos que conviene anotar antes del cierre matemático.

Primero, será la primera temporada desde el triplete de 2009/10 en la que el Inter gane la liga con una ventaja de dos cifras sobre el segundo — si los nueve puntos actuales se mantienen hasta la última jornada. Esa cifra tiene simbolismo: representa el regreso de una hegemonía clara tras un ciclo de competitividad abierta. No marca necesariamente el inicio de otra dinastía, pero sí reabre la posibilidad de ciclos de dominio de dos o tres temporadas como norma, en lugar de la alternancia anual que hemos visto desde la caída de la Juve.

Segundo, será la temporada en la que el campeón ganador presentó los 75 goles y una diferencia ofensiva de casi 20 tantos sobre el segundo mejor ataque del campeonato — cifras que van a servir como referencia para los análisis técnicos de los próximos años. Es el tipo de estadística que los compiladores de datos usarán como baseline cuando intenten juzgar la fortaleza real de futuros candidatos al Scudetto.

Tercero, y esto es más intangible, será recordada como la temporada en la que Cristian Chivu pasó de ser una figura respetada pero lateral del calcio italiano a consolidarse como uno de los técnicos llamados a protagonizar la próxima década. Los Scudettos hechos por técnicos debutantes en banquillos grandes son la semilla de carreras largas, y Chivu tiene todos los mimbres para convertirse en un nombre recurrente de las siguientes ediciones del campeonato.

Para cerrar el recorrido histórico, dejo una idea que me parece importante. El calcio italiano ha pasado, en quince años, del dominio absoluto de un club al máximo nivel de apertura competitiva del top-5 europeo, y probablemente volverá a ciclos de dominio relativo antes del final de esta década. No es una línea recta — es un movimiento pendular entre estabilidad y apertura que define el carácter histórico de la Serie A. Los aficionados que recuerdan un solo tipo de liga solo han vivido una parte pequeña de su historia. Quienes vivimos varias fases podemos afirmar, con alguna autoridad, que cada una tiene su encanto y cada una termina siendo superada por la siguiente.

Preguntas frecuentes sobre los ganadores de la Serie A

¿Qué equipo tiene más Scudettos en la historia de la Serie A?

La Juventus es el club con mayor número de Scudettos en el palmarés oficial reconocido por la FIGC, seguido del Inter y del Milan. La cifra exacta es objeto de discusión en una parte de la prensa italiana por los títulos revocados en Calciopoli en 2006, que siguen siendo objeto de interpretaciones distintas entre el club y la federación.

¿Cuántos equipos distintos han ganado la Serie A en los últimos 5 años?

Desde la temporada 2020/21 hasta la 2024/25, cuatro equipos distintos han conquistado la Serie A: el Inter en 2020/21 y 2023/24, el Milan en 2021/22, el Napoli en 2022/23 y 2024/25. Es el nivel de rotación más alto en los Scudettos recientes y contrasta con los nueve títulos consecutivos de la Juventus en el periodo 2011/12 a 2019/20.

¿Cuál fue el último Scudetto consecutivo de la Juventus?

El último Scudetto del ciclo de nueve consecutivos de la Juventus fue el de la temporada 2019/20. Al año siguiente, el Inter bajo la dirección de Antonio Conte ganó la liga 2020/21, poniendo fin a la hegemonía bianconera más larga de la historia del campeonato italiano.

¿Por qué la Serie A 2025/26 es especial en términos históricos?

La Serie A 2025/26 está siendo una temporada de referencia por tres motivos: la ventaja de nueve puntos con la que el Inter ha recuperado el dominio tras un ciclo de alternancia competitiva, los 75 goles del líder que forman el mejor ataque del campeonato con diferencia inusualmente amplia sobre el resto, y la consolidación de Cristian Chivu como técnico ganador en su debut en un banquillo grande del calcio italiano.

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